James Bond habrá dejado de fumar hace 14 años, pero sigue expuesto a los riesgos del tabaquismo pasivo a causa de los hábitos fumadores de sus numerosas conquistas sexuales, advirtieron  los investigadores.

La persistencia del tabaquismo en esas aventuras sigue siendo problemática desde el punto de vista de la salud pública, sobre todo tomando en cuenta la popularidad de los filmes de la saga Bond, constataron los expertos tras analizar 24 cintas.

Aunque él haya dejado de fumar, 007 sigue exponiéndose al peligro codeándose con fumadoras, advierten los autores, Nick Wilson y Anne Tucker (Universidad Otago de Wellington, Nueva Zelanda) en la revista especializada Tobacco Control.

Observan niveles elevados de exposición de James Bond al tabaquismo pasivo, en especial con el inevitable cigarrillo después del amor, llegando incluso una de las mujeres a posar un cenicero en su pecho desnudo.

El riesgo también se ve atenuado, conceden los investigadores, “por la naturaleza generalmente breve de sus relaciones”.

Bond fumaba sobre todo en los años 1960 –en cinco de las seis películas de esa década– y dió su última pitada en 2002, en el bien llamado filme “Die Another Day”.

Los accesorios del espía vinculados al tabaco, como un cohete disimulado en un cigarrillo, se volvieron menos frecuentes con el paso del tiempo.

Pero sus compañeras a menudo fumaron y eso vuelve a producirse en la última “Skyfall” de 2012.

El hábito fumador de Bond en el pasado parece contradecir la necesidad de tener una buena condición física para su profesión, pero no desentona con una vida llena de riesgos.

Después de todo, 007 ha esquivado miles de balas, bebido muchos martinis y manejado muy rápido, destacan los autores. Sin contar que sus amantes a veces tratan de hacerle daño, capturarlo o incluso matarlo.

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